hasta siempre
en ese cielo que no se si existe
en ese sueño eterno que te llevo
allí donde estés, no se si me veras
pero es mi deseo decirte
que pasaste por nuestras vidas
como ese viento de verano
cálido, amable y cargado de esperanza
nos dejaste tu risa
nos mostraste que lo valioso
era lo que uno sentía, y debía perseguir
que aunque el mundo dijese que era un error
es mejor perseguirlo, que no tener un fin
no voy a poner tu nombre
vos no lo hubieses querido
quienes te conocieron sabrán
hoy llore, maldecí, me lo negué
ahora, doy gracias al destino
por haberte tenido un instante de mi vida
gracias por ese viento de verano
algún día, volveremos a reírnos
salud, por ti levanto otra vez mi copa
hasta siempre, amiga mía
El Pibe
jueves, 20 de febrero de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
Como decirte que te amo
Intento apartar la mirada de tu rostro
pero cierro los ojos y solo te veo a ti
Intento alejarme para no sentir el olor a rosas de tu piel,
pero el viento de la memoria lo trae a mi
subo el volumen de la musica para aturdirme
pero tu dulce voz me invade inexorablemente
intento no rozarte, pero tu calor me llega en oleadas
y mis dedos recuerdan, los mismos que ahora escriben
lo que mi boca no sabe articular.
Cuando me hablas, no puedo sostener la mirada
imposible expresar con mi voz lo que quisiera decirte
Quiero alejarme, poner distancia y olvidarte
y no puedo imaginar no estar a tu lado
aunque solo sea para cuidar de tu fragilidad
Quieres saber y preguntas que siento
dolor, el mas profundo de la desolacion
no me duele saber que estaras en otros brazos
si esa es tu ilusion y tu felicidad
me duele saber que no quieras
querer ser mia, ni mi querer
Seguire estando, esperando
a que algun dia, cuando logres verme
pueda volver a mirarte, oirte, sentirte
porque tu quieras querer que asi sea
Como decirte que te amo,
no lo se, tal vez ya lo haya dicho.
El pibe
viernes, 31 de enero de 2014
El Morocho Lacuesta
El Uruguay de 1978, para entonces yo cumplía mis doce años y
ya era el tío de una hermosa nena que hoy se ha convertido en una viajera
incansable, una sociedad amplia, acostumbrada a acoger en su seno a un abanico
multicolor de ciudadanos, consciente de esto, aunque lo viese con la normalidad
de quien se cría en un lugar así, me sentía orgulloso de ser un uruguayo más.
Como en pocos lugares en el mundo, aunque ese marketing lo
hayan querido acaparar en Yankilandia, podías encontrarte en una mesa de truco,
como las que se montaban en el bar de mi viejo, al tano Bofa, al señor Samuel Milkovich
(no creo que haya que aclarar), a don Tarjesian, y al Morocho Lacuesta.
Sí, era el mismo país en el que luego del golpe de estado
del ´73, hablar de política estaba prohibido, una reunión de más de 5 personas
en torno a una mesa podía verse como conspiración y comerte una detención en
averiguaciones, que si querías festejar un cumpleaños en tu casa tenías que
pedir permiso en la comisaria y en la geografía de la escuela no existía la
URSS, pero esas eran cuestiones ligadas
a una “normalidad” impuesta a golpe de fusil, el ciudadano de a pie tenía bien
claro cuáles eran los derechos de cada uno y se respetaban entre ellos, como ley suprema e inapelable.
Estos valores, que se habían forjado con el paso de los años
en una sociedad formada por gentes que habían llegado a esa tierra, mi tierra,
huyendo de los horrores de las guerras fratricidas, persecuciones políticas y
hambrunas, un país que los acogía sin más condición que la promesa de una buena
conducta y respeto por las leyes y derechos de todos. En ese país la sociedad
condenaba cualquier indicio de xenofobia, racismo o persecución religiosa o ideológica,
aunque así no sucediese con las autoridades de turno.
Pero no era perfecto, nada lo es, esa amplitud de criterio tenía
sus excepciones, marcadas por las creencias y conocimientos aun escasos sobre
las conductas humanas “alternativas”.
Aún faltaban algunos años para que grandes como Freddie
Mercury, Los Village People y el maestro Sir Elton John, entre otros muchos que
aquí no habría espacio para mencionar, removieran en el mundo entero nuestras
mentes aun cerradas con su valor y talentos inigualables.
Pues bien, el Morocho Lacuesta era un hombre sencillo, reservado, que nunca hablaba
de su vida personal. Mientras el tano ni bien se sentaba a la mesa empezaba a
quejarse del último puterio que le había montado su mujer, o Caraballo acodado
en la barra contaba sus hazañas de juventud con las muchachas del barrio, el
morocho se mantenía centrado en la partida.
Era como casi todos los morenos, una persona que no
aparentaba su edad, vestido siempre impecablemente, su pantalón de vestir con la raya planchada a la perfección, camisa blanca impoluta, saco
y corbata, en invierno una gabardina y chaleco de lana por debajo del saco, con
el pelo bien corto perfectamente afeitado salvo por un bigote muy fino y bien
recortado.. Destacaba además por unas maneras y conversación sumamente
educadas, yo me quedaba embelesado escuchándole hablar del Uruguay de los años
´30, de los dos mundiales ganados que él había vivido, de las hazañas de
Obdulio, del carnaval en la Ciudad Vieja, de la batalla del Rio de la Plata,
recreadas todas ellas con lujo de detalles y con un estilo que acallaba el
murmullo interminable que solía reinar en el boliche.
Se había jubilado ya hacía 5 años de la administración, no tenía
hijos ni mujer, la única familia que le quedaba era una hermana en salto y un
porrón de sobrinos. Era un habitué del bar de mi viejo desde hacía ya un par de
años, sabíamos que había tenido que mudarse de Montevideo a Las Piedras
buscando un poco de tranquilidad, pero yo no conocía más detalles.
Como siempre yo hacia los deberes en una de las mesas del
bar, después de la hora de la comida, cuando mi mama estaba liada en la cocina,
el señor Lacuesta se acercaba a ver mis esfuerzos en “idioma español” materia
en la cual no gozaba entonces de buenas calificaciones, y con la paciencia de
un santo intentaba explicarme reglas de ortografía y gramática, así como consejos
para mejorar mi caligrafía.
Mi viejo, un hombre sencillo y muy llano, le conocía de la
época en que trabajaba en aquel almacén del mercado del puerto con su tío, solían
intercambiar historias de aquella época en la Ciudad Vieja, Lacuesta era un
cliente asiduo del almacén.
Un día, llega uno de aquellos personajes que solían pasar
por el bar mirando a los parroquianos como radiografiándolos, traje barato, mal
planchado, bigote, pelo corto y la pipa abultando en la chaqueta, vamos un
“secreta” a gritos.
Estaba la mesa de truco montada, estaban el tano, Don Samuel, Tarjesian, se había acercado don
Samir y Adolfo, Caraballo esperando que saliese alguno seguí la partida al lado
de la mesa. Don Lacuesta salía del baño y en eso veo que se para en seco cuando
ve al secreta, mi viejo adivino enseguida la jugada y para distraer le dijo,
“le sirvo algo” al ajeno.
“Si, me va a explicar que hace el negro maricon ese aquí, no
estará enredando otra vez en política”
Mi viejo, que temple no le faltaba, pero sangre tampoco,
“Creo que usted se equivoca, el señor es cliente hace años y aquí no se habla
de eso”
El personajillo oscuro, dio un repaso con la mirada al
local, yo quieto y helado en mi mesa, le dedico una última mirada a mi viejo
con desprecio y salió por la puerta. Afuera esperaba un Falcon negro con otros
dos del mismo aspecto, se subió y salió dirección las brujas por la 48.
Dentro, el tiempo parecía haberse detenido, parecía que
todos nos íbamos aquedar congelados en ese momento, la cara de Lacuesta
reflejaba preocupación y desazón. Vi como la angustia se iba apoderando de él y el sudor le empezaba a recorrer el rostro.
En eso siento que se mueve una silla, y luego otra, Caraballo
que se sienta a la mesa al lugar que le
habían dejado y el señor Samir que se levanta y dice “a ver Morochio, vas a
jogar o te vas a quedar ahí parado papiando moscas “necesitamos otro pal truco,
somos cinco”
Esa era la sencillez con la que se arreglaban las cosas allí,
todos eran los mismos que antes de que entrara aquel personaje despreciable, así
que para que cambiar las cosas, Lacuesta se sentó, mi viejo siguió limpiando el
estaño y yo a mis deberes de historia.
Hoy, luego de todo lo que supuestamente hemos avanzado, de
todo lo que se ha luchado, no me puedo creer cuando me encuentro con gente que
aun desprecia a sus semejantes por su raza, religión, o condición sexual y
menos que alguno de ellos estén organizados en grupos que hasta llegan a tener
representación política en países europeos.
Pero Uruguay tampoco está libre de esta lacra,
lamentablemente sigue habiendo en nuestro paisito gente como aquel hombre del
Falcon, que parapetándose detrás de una máscara de aparente humanidad se
atreven a juzgar a otros por su condición, nazis , antisemitas, racistas que
dicen que no lo son y homófonos, generalmente estos seres despreciables suelen
juntar todas estas cualidades, de las cuales hacen alarde en sus reuniones de
bestias pero se cuidan de ocultar al resto de la sociedad, por qué?
Sencillamente porque otra cualidad que les caracteriza es la cobardía, como las
cucarachas en la oscuridad salen huyendo cuando la luz cae sobre ellos, no
tienen siquiera el valor de exponerse ante la sociedad. Y no vale como
argumento “yo no me meto con nadie, no le hago daño a nadie con lo que pienso”
con gente así, subió al poder en el año 1933 el partido Nazi, responsable de la
muerte y persecución de millones de judíos y otras minorías étnicas y sociales en toda Europa,
no señor no es excusa, la tolerancia y el apoyo a esas ideologías los hace tan
culpables como los que aprietan el gatillo.
Yo seguiré recordando siempre los infructuosos intentos de
Lacuesta por ayudarme, y a mi viejo detrás del estaño. La cara del tipo del
Falcon es solo una caricatura grotesca que no merece lugar en mi memoria.
El
Pibe
martes, 28 de enero de 2014
Una cosa es una cosa...
Una cosa es una cosa…..
y otra cosa es otra cosa”, esta frase mi viejo no se cansaba
de repetirla, con enfado y determinación, cada vez que alguien, incluido yo, lo
ponía en la situación de tener que elegir entre dos ideas o planteamientos
totalmente antagónicos y carentes de mayor sentido que la coacción.
Nunca entendí , siendo un niño, porque cuando yo amenazaba
con no hacer mi tarea si no me dejaba quedarme media hora más jugando a la
pelota, o mi hermana le amenazaba con irse de casa si no le dejaba seguir
viendo a su novio(Julito, ahí la tenes pal resto de tu vida) o cuando el
inspector municipal(u otro coimero de turno) le planteaba que o le ayudaba a
pagar esa “cuentita” que tenía pendiente o le iba a tener que multar y cerrarle
el boliche, mi viejo siempre respondia en primera instancia con la frase de
marras.
Ni decir que yo no me salía con la mía, mi hermana al cabo
de un par de años se fue con su novio y el “señor coimero” le cerró y/o multo
el boliche en más de una ocasión, pero el incólume.
El caso es que esa misma frase se la oí decir con el tiempo
a muchos otros gallegos y gentes de lugares varios, con la misma convicción y
firmeza. Como si de una sentencia se tratase, cual jueces de su propia vida.
Con el paso de los años, sin mi viejo al lado para explicármelo,
me fui dando cuenta de a que se referían, se trataba ni más ni menos que de un poético
y rotundo no a la coacción.
Muchas veces en la vida nos encontramos en ese cruce de
caminos en el que alguien nos da a elegir entre uno u otro camino. Cuando la elección
es libre, sin amenazas, sin intimidación ni nos pone ante la disyuntiva de
tener que renunciar que renunciar a nuestros principios, verdades o afectos,
solo se trata de eso una elección libre y valida entre dos caminos. Cuando
todos nuestros derechos, principios y afectos se ven amenazados, no dándonos elección
si no obligándonos a cambiar de rumbo, la elección es clara “sigo por el mismo
camino”.
Esa tozudez, determinación y coraje, son los que me permiten
seguir teniendo hoy en mi viejo, a 33 años de su muerte, un faro hacia el que redirigirme
cuando he equivocado el rumbo. Son muchas las ocasiones en que me he visto
frente a situaciones de esta índole, y pocas en que el haber cedido me hubiese
conducido a buen puerto.
En un momento en el que el país que me acogió durante los últimos
15 años se ve inmerso en una profunda crisis, desde el puente de mando de este
barco a la deriva se plantean opciones inaceptables “regulación del mercado de
trabajo (léase: bajada de salarios, supresión de derechos etc.) o mayor tasa de
desempleo”. Como si la una no fuese tan mala como la otra, pregunten a todos
esos países por los que ha pasado el boom industrial de la mano de obra barata y luego además de
una población arruinada, han dejado una sociedad diezmada en sus derechos básicos,
aunque yo no este más tiempo aquí, espero que esta sociedad se levante y diga
no a la coacción.
Últimamente, la vida y algunas personas, me han puesto ante
ese cruce de caminos, en algunos casos he podido elegir libremente, en otros no
he cedido y perdiendo he elegido el camino que yo creía correcto. Pero también me
ha tocado tener que callar, ceder, porque cuando afecta a quien amas te tragas
el orgullo, solo espero que el faro siga ahí, y en mi tierra pueda retomar el
rumbo.
Nadie tiene derecho a secuestrar los afectos y utilizarlos
para callarnos, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Gracias viejo.
El
Pibe
martes, 21 de enero de 2014
El relato
Recuerdo bien aquellas tardes de sobremesa los domingos,
festivos varios y cumpleaños de la familia. Mi papa, un hombre muy sociable, no
en vano había elegido la profesión de barista, solía recoger en casa a cuanta
alma sola y consternada que se cruzase
en su vida.
Así, en aquella casita de Las Piedras, sobre la ruta 5, se reunía
una comunidad a veces de lo más variopinto, que yo le llamaba la ONU. Allá estaban el señor Caraballo, viudo ya hacía
muchos años que para poder encargarse de la crianza de los 4 hijos más jóvenes (tenia
12) además de su jubilación, con el apoyo muchas veces de mi padre , organizaba
excursiones por toda la geografía de nuestro país; el tano Bofa, quintero de El Dorado que cada vez que su mujer(una
italiana temperamental y muy guapa, ambas cualidades que compartía con su hija,
mi primer amor y locura) le montaba la bronca, luego de que el barrio entero se
enterase, venia donde mi padre a por una palabra de consuelo. También solían acercarse por casa , don
Marcelo el argentino del taxi, Adolfo un
gitano que decidió radicarse en aquella zona y casarse con un muchacha del barrio contradiciendo su tradición y el señor
Samir que viniendo de la lejana Siria se sentía, según sus palabras, más
uruguayo que “il agojero dil mate”.
Era como digo una de aquellas típicas tardes de verano, cuyo festejo ya no recuerdo, en
que luego de degustar la cocina de mi padre, con los regañadientes de mi vieja,
y acompañado por una selección de licores que, cual banderas, representaban a cada una de las
naciones allí presentes, mi padre comenzaba a contar alguno de sus innumerables
relatos.
Debo decir, con orgullo además, que mi viejo era un relator
envidiable, sabía situar al oyente en el
lugar y la escena como pocos he visto en mi vida.
Aquella tarde, comenzó a contar una historia de su juventud
en Pontevedra, nos contó como luego de volver de su escuela un día de invierno,
con la bolsa para el carbón que le tocaba llevar al día siguiente (en la España
de entonces se era solidario hasta por
necesidad) se encontró a su madre en la puerta de casa con una carta en la
mano. Era una carta de su tío Manuel (hermano de su madre) le contaba las
bondades del país que le había acogido Uruguay, de lo bien que se vivía, del
clima maravilloso, y de lo avanzada de aquella sociedad que además recibía con
los brazos abiertos a quienes llegaban de todas partes. Le contaba también, que
allí hasta los manzanos daban frutos 2
veces al año.
La infancia de mi padre había sido muy pobre, mi abuelo había
muerto muy joven dejando una viuda y un hijo de apenas 8 años, mi padre se prometió
así mismo que conseguiría ir donde su tío y allí reunir el dinero suficiente
para sacar mi abuela de la pobreza, pero antes ese mismo año planto un manzano
en lo alto del terreno que dominaba la casa. Pocos años más tarde se iría con
su tío a Uruguay, con apenas 15 años a luchar por un futuro
Hacia unos días había escrito mi abuela y le había contado
que su manzano seguía allí y le preguntaba si los que había plantado en Uruguay
daban más frutos porque el suyo “daba
pena con mucho esfuerzo unas pocas cada año”, y con esto terminaba el relato,
con los ojos anegados.
En ese momento mire a mi alrededor, no hizo falta que nadie
hablara, las miradas perdidas en el horizonte inexistente, los ojos llorosos y
la respiración profunda, sonora y entrecortada dejaban ver a través de las arrugas y la piel
curtida, a un grupo de niños pobres en sus tierras natales recordando a
aquellas madres que llorando les despidieron con la esperanza de que encontrasen el futuro anhelado,
pero con la casi certeza de no volver a
acariciar sus rostros.
Hace un par de años visite aquella casa de mi padre en
Pontevedra, la hermana de mi padre me había contactado y organice un viaje de
fin de semana para conocer a aquella rama de mi familia.
La casita de mi abuela se había convertido en un ambiente más
de una casa ostentosa y de mal gusto, producto de una bonanza desmesurada pero
a la vez pasajera. Se conserva aún la estructura de piedra pero poco deja ver
de aquella realidad de la posguerra española.
Salí a caminar por el terreno alrededor, y de repente me
llamo la atención un pequeño árbol en lo alto del terreno, el pobre se afanaba
en sobrevivir en aquel terreno pedregoso y mal regado. Apenas unas hojas
animaban sobre las ramas casi secas que el viento amenazaba con quebrar; en
eso, una voz detrás de mí me dice “sigue dando pocas manzanas, las mismas desde
que lo planto tu padre”
No daba crédito a lo que me contaba mi tía, ese era el
manzano del relato, y seguia allí! Me acerque, lo toque y en ese momento me vinieron
a la memoria las historias de mi padre y de sus amigos, inmigrantes todos
ellos, los recordé reunidos escuchando muñeiras, sardanas, polcas y algún tango
de Gardel. Bebiendo aquellos brebajes de su tierra queriendo rescatar el sabor
de su juventud. Dándose el consuelo necesario para seguir aguantando, en esa mi
tierra, que los acogió y que a muchos como a mi padre hoy cubre con su manto.
Hoy que me planteo la vuelta a mi tierra, luego de 15 años
fuera, tengo una mezcla de sensaciones que me invade. Por un lado las ansias de
volver, el reencuentro con los amigos de la juventud, la cultura en la que me
crie, mi querido carnaval, ese acento que casi se me ha borrado. Pero también están
aquellas cosas que en su día quise dejar atrás, afectos rotos, sentimientos
amargos, cariños descuidados en el tiempo que hoy, luego de tanto tiempo, es
imposible recuperar.
Recuerdo a mi padre y sus relatos, intento hacer lo mismo con
mi hijo, pero ni yo soy tan bueno contando ni él tiene tanta paciencia, gajes
de la era tecnológica, por eso me limito a escribirlos, quizás algún día él
quiera verlos y se ría un poco de su padre y sus vanos intentos .
Este hijo mío, es mi manzano.
El
Pibe
jueves, 16 de enero de 2014
Borocotó, la pasión del carnaval
Estamos ya a 16 de
enero, para los que amamos el carnaval, ya hemos entrado en la cuenta atrás.
Las comparsas y el resto de agrupaciones dan los últimos
retoques para el gran espectáculo, esos 10 días que dura el concurso en el Ramón Collazo y durante el mes en los tablados.
Recuerdo hoy, como vivíamos esos días en mi querido Fotoclub
Uruguayo, con la barra del coyote, ya
planeábamos que íbamos a hacer con las acreditaciones, donde nos íbamos a ubicar,
y nos moríamos por encontrar la manera de entrar a aquellos ensayos que poco menos eran secreto de estado. Estábamos
en esas tribulaciones cuando llego Marcelo(Isidorito Cañones, otro día cuento
por qué) y suelta como si no importara “acabo de estar con Canela tomando una
birrita, se iba a ensayar”
La hago corta, en cinco minutos ya estábamos en 18 de julio,
y para cuando nos acordamos ya estábamos bajando por Ejido rumbo a Cebollati,
cuando pasamos a lado de la Sudy Lever, tiramos pa´ la derecha antes de llegar
al cementerio y en una callecita nos metimos en un conventillo.
Allí estaba Baracutanga, y en el medio Canela organizando el
ensayo, entramos y se dio vuelta la comparsa entera a la puerta a mirar a ese
grupo de Frikis que se colaba en su mundo.
Tira pa´lante Isidorito
y decile a ver si nos podemos quedar y sacar unas fotos, que no vamos a
molestar. Marcelo se acercó, le hablo al oído, y Canela hizo un gesto como de
“que pasen, pero que no jodan”.
Al instante estábamos allí, el grupo entero, colgados de
unos andamios, en los pasillos abalconados del conventillo, subidos al detrás del
improvisado escenario, y empezó el ensayo, Borocotó chas chas, Borocotó chas
chas, Borocotó chas chas. Borocotó
Borocotó………
Todos como gárgolas que apuntaban con sus garras, queriendo
capturar con el objetivo, el espíritu de
aquellas modernas Gularte y Luna, del Escobillero, la Mamavieja .
Todos salvo yo, yo solo tenía ojos y cámara para una
pelirroja chiquita, con el pelo enrulado. La misma que me había atrapado ya el
primer día en que la vi, para entonces ya vivíamos nuestra propia aventura, una
pasión desenfrenada que nos consumía con los besos, el sexo , y las noches
desveladas hablando de García Márquez, Benedetti, Galeano, Rulfo etc. Y de la lucha política que en aquel entonces
creíamos más viva que nunca, porque la hacíamos nosotros.
Con ella supe lo que es la pasión, me atrevo a decir que fue
mi gran pasión, pero como todo fuego se apaga o se consume a sí mismo. Esto último
fue lo que nos pasó a nosotros, nos convertimos en una hoguera ardiendo sin control, que luego ya no pudo
mantenerse en llama y preferí alejarme para no sufrir más por ella, que la distancia
curase mis heridas.
Hoy me acuerdo de ella, y siento ternura por los 2, sé que
rehízo su vida y me alegro, me gustaría verla y decírselo, que siento si le
hice daño, pero ya no siento lo mismo que entonces.
Muchos años han pasado, algunas mujeres en mi vida,
relaciones más cortas o más largas.
Hoy, es cuando siento algo diferente por alguien, vivimos
una historia muy hermosa, la conocí y me atrapo su sencillez, no pretendía ser
más que lo que era, con sus saltitos de nena acercándose a mi cuando nos
veíamos, con sus besos apasionados y llenos de dulzura, con las interminables
charlas al teléfono contándome sus ilusiones y participándome en ellas, con su
olor a rosas emanando de su piel, con esa sinceridad a flor de labios.
Llenos de ilusión nos embarcamos en un proyecto juntos en
aquel pisito diminuto pero lleno del amor de los 3, muchos errores, los dos nos
fuimos adaptando a nuestros gustos y manías. Luchamos codo con codo por un
sueño, pero yo en algún momento perdí el rumbo y eso termino con el sueño, la
ilusión y con sus fuerzas.
Hoy que siento el
carnaval llegar, me gustaría que solo hubiese sido un ensayo, poder repetir la
función y hacerlo bien, solo ella lo sabrá, yo espero maquillado y vestido para
salir, sé que esto no ha sido solo una gran pasión, hoy no me alejo, hoy quiero
estar aquí a su lado.
No estoy seguro si volverá a quererme, solo sé que en este carnaval de mi vida,
quiero estar con ella en mi último tablado. Borocotó chas chas, Borocotó chas…………..
El Pibe
lunes, 13 de enero de 2014
La Ganga.
Nuestra naturaleza latina y esa herencia árabe, que las
culturas del Mediterráneo no deben negar, nos ha llevado siempre a buscar la
ganga, el chollo, la oferta.
Nos gratifica tanto a la hora de encontrar esa diferencia en
el precio, o la ocasión de negocio única, que las endorfinas que liberamos por
este acto suelen nublar nuestra razón y no medimos las consecuencias, dejando
de lado la precaución y mesura que se debe tener siempre a la hora de realizar
cualquier tipo de transacción.
En el verano de 1996, la pelirroja y yo recibimos la visita
de su hermano que venía de Suecia, él se había ido siendo muy joven con sus
padres, obligados por las autoridades de entonces, y no había vuelto a Uruguay hasta
ese año. Enfermero de profesión en Suecia, tenía unos ingresos que le permitían
viajar y conocer mundo, había llegado con ganas de conocer la costa de
Maldonado y Rocha y en concreto quería estar unos días en Valizas para de allí seguir
hacia hasta Punta del Diablo e incluso Cabo Polonio, típico hasta ahí todo bien.
En eso de conseguir una casita en la zona para quedarnos
unos días estábamos, cuando llegó Carlitos, mi amigo desde los 15 , todos hemos
tenido un Carlitos en nuestras vidas, el típico amigo que lo hace mejor, más
grande y más barato, aunque nadie sabe entonces porque siempre está mangando y
no sale de pobre.
“Yo tengo un amigo, que tiene un chalecito en la barra de
Valizas, junto al arroyo que me lo deja barato, déjame a mí” esas últimas tres palabras
son las que me ponían siempre nervioso, como cuando nos quedamos tirados
viniendo de San Gregorio de Polanco por la 46, “déjame a mí que por aquí llegamos
antes a Montevideo” 2 días después llegábamos con la grúa.
Pero como la contraria, adicta a las gangas y todo lo que
significase un ahorro (además de que no conocía como yo a Carlitos), se enteró
de la gran “oportunidad” no tuve más remedio que ceder y confiar una vez más en
el buen hacer de mi amigo de la adolescencia.
Salimos un viernes a las 4 de la mañana para estar temprano,
mi suegro para que no me llevase la
camioneta me presto su coche(os acordáis de los Citroën elisee) cargamos el coche, y partimos rumbo a
unas soñadas vacaciones de 7 días con mi cuñadito en el maravilloso chalecito
que nos había conseguido mi amigo…..
Si ya sé que todos os estáis imaginando ya la clase de cuchitril
que me encontré, pues no, era peor de lo que os imagináis….
Se trataba de un ranchito con techo de chapa, donde le
quedaba, “monoambiente”, con cuatro literas y el baño afuera ( cuatro chapas a
forma de esconder las vergüenzas mientras
se evacuaba y un hoyo en la tierra, ducha?? Para qué, no ibas a ir a la playa?,
además si dabas dos pasos te metías en
el arroyo)
Mientras yo me golpeaba la cabeza y repetía como en un
conjuro maléfico mil veces el nombre de mi amigo, la pelirroja me iba diciendo “tranquilo,
si solo lo vamos a usar para dormir y el tiempo está bueno, que va a pasar”,
cuatro últimas palabras proféticas…
Esa misma noche, el cielo estrellado y la luna llena que disfrutábamos
cuando volvíamos de cenar en Valizas, dejo paso a unos nubarrones y un viento típico
de las tempestades estivales en nuestra costa, muchos años de acampada me habían
enseñado a no fiarme del clima por más verano que fuese. “Tranquilo, estamos bajo
techo, y mira pesimista, no hay goteras” Sentencio mi media naranja sanguina.
Sobre las 6 de la mañana, me despertó un sonido de agua,
medio dormido y con la resaca de la caipiriña del día anterior, me levante de
mi litera y…. me zambullí en el agua del arroyo Balizas!!!!
Si señor el “chalecito” era una ganga, a pesar de que no existía
ni una canilla ni tubería esa M. tenía agua corriente. Salimos como pudimos,
con nuestras cosas encima de nuestras cabezas, al mejor estilo de aquellas películas
de Tarzan, en que los exploradores cruzaban los ríos y pantanos de aquella África
en California, (si buana, menuda ganga)
Llegamos al coche de mi suegro, el mismo que afortunadamente
la noche anterior yo me había negado a estacionar en el “porche” del chalecito,
porque si no se lo hubiese llevado el Valizas a la costa junto con el resto de
naufragios de la zona.
Una vez el sueco se recuperó de su estupor y le convencimos
de seguir adelante con nuestras vacaciones, cargamos el coche y nos dirigimos
hacia Punta del diablo, donde un amigo de mi padre regentaba unas bonitas
cabañas, que no se parecían en nada a la ganga que acabábamos de dejar.
Carlitos dejo de aparecer por mi casa durante una buena
temporada, la flaca le había amenazado con envenenarle el café.
Hoy con el paso del tiempo puedo reírme como todos vosotros,
entre otras cosas porque no deja de ser una mera anécdota que no llego a
estropear ni siquiera esas vacaciones.
Pero hay otras gangas aparentes que esconden una trampa,
oportunidades de oro o simplemente el ahorro cotidiano que si no medimos bien
tarde o temprano nos puede arrastrar al fondo, en particular y como sociedad.
Hace unos años, cuando llegue a España, había comenzado ya un
fenómeno a nivel de, principalmente, Europa y Estados Unidos, que supo llamarse
aquí primero “milagro económico” (todos recordamos el España va bien) luego “boom
inmobiliario” y por “ultimo burbuja inmobiliaria “cuando ya todos estábamos esperando
a que reventara.
Esa ganga de economía, que ninguno de nosotros quiso ver por
donde le entraba el agua, hoy nos tiene sumergidos en una de las peores crisis
de todos los tiempos.
No contentos con todo esto, en el año 2010 el gobierno chino
comienza a comprar deuda pública española de forma alarmante, lo cual no solo
no dispara las alertas si no que es promovido he incentivado, la panacea de la recuperación
de las arcas del estado.
A la par de esto se venían ya firmando acuerdos comerciales con el
gigante asiático, que pocas empresas españolas terminarían viendo favorable.
Comenzamos ya hace unos años a notar una invasión de productos
de uso cotidiano que su origen es chino, los mismos que siempre se habían producido
en el país, por hacer una diferencia en la compra íbamos a adquirirlos a uno de
esos miles de locales que ahora pululan por nuestras ciudades. Perdonen mi
ignorancia, pero hasta ahora no he oído a nadie decir, le estamos vendiendo a
los chinos 1500 millones de …… español.
Empresas que nos abastecen de servicios básicos, últimamente
lo hacen a través de tecnología fabricada netamente en china, es el caso de Telefónica
que no se cortó un pelo en cortar todos los contratos con proveedores españoles
y europeos para sustituir todo su material por producto chino (mirad en la
parte de atrás de vuestro rúter o teléfono domo y veréis de donde viene.
No se trata de ningún complejo ni aversión con los chinos,
pero es lógico que si ellos tienen que procurar trabajo y sustento a sus más de
1500 millones de ciudadanos, no van a mirar por nosotros en ningún momento.
En Latinoamérica ya sufrimos durante muchos años el
colonialismo económico por parte principalmente de empresas Estadounidenses,
llegando a favorecer incluso varios de los golpes militares que terminaron de
arruinar la región durante décadas.
Que pasara el día que el boom industrial y económico de
China colapse, que pasará con todos esos países que han vendido su deuda y están
atados aunque no lo quieran reconocer a una balanza comercial desfavorable?
Las gangas, terminan saliendo caras, mi viajecito con el
Sueco, me salió al final como unas vacaciones en Brasil, esto que no estamos
viendo nos puede costar el futuro.
El Pibe
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